Tus alumnos dicen "I sink so" cuando quieren decir "I think so", o pronuncian "hour" como "jaur". No es pereza ni falta de oído: es que el español no tiene los sonidos /θ/, /ð/ ni la /h/ aspirada inglesa. El cerebro recurre al fonema más cercano de su L1, y nace el calco fonético.
Probar Amélie gratis →El sistema fonológico español carece de tres sonidos clave del inglés. Primero, /θ/ (think, three) solo existe en el español peninsular como la "z/c" de "zapato", y nunca en hispanoamericano, así que un mexicano o argentino lo sustituye por /s/ ("sink" en lugar de "think"). Segundo, /ð/ (this, mother) no existe en ningún dialecto español como fonema independiente —solo como alófono suave de la "d" intervocálica en "nada"—, por lo que se convierte en /d/ fuerte ("dis" por "this"). Tercero, la "h" inglesa es una aspiración glotal /h/ suave, mientras que la "j" española es velar /x/, mucho más rasposa: el resultado es "jouse" en lugar de "house". Además, como en español la "h" es siempre muda ("hola", "hospital"), muchos alumnos la omiten por completo y dicen "I'm appy" en vez de "I'm happy". Estos tres errores son los más persistentes porque el oído filtra lo que la L1 no codifica.
Para /θ/, la lengua debe asomar levemente entre los dientes superiores e inferiores; el aire pasa sin vibración.
El sonido /ð/ es como la "d" suave de "cada" o "nada" en español, pero al inicio de palabra y con vibración constante.
/h/ es solo aire saliendo de la garganta, sin fricción —como un suspiro suave, no como la "j" de "jueves".
Aunque en español no se pronuncia, en inglés la "h" inicial siempre se aspira: hay que recordar emitir el aire.
Doble trampa: "mother" lleva /ð/ interdental sonora, y "hospital" exige aspirar la "h" (no decir "ospital").
El grupo "-ought" termina en /t/ pero comienza con /θ/: hay que marcar ambos sonidos sin saltarse el inicial.
Porque su variante de español no contiene el fonema /θ/ (a diferencia del español peninsular castellano, donde sí existe en "zapato" o "cinco"). Su cerebro lo procesa como /s/ por defecto. La solución es trabajo articulatorio explícito frente al espejo: que vean la lengua entre los dientes.
Usa la metáfora del cristal: la "h" inglesa es el aire que sale cuando empañas un vidrio para limpiarlo —suave, sin raspar la garganta. La "j" española, en cambio, raspa el paladar como cuando carraspeas. Si tu alumno siente vibración en la garganta, está diciendo /x/ no /h/.
Sí, pero progresivamente. En A2 basta con que distingan "think" de "sink" (inteligibilidad básica). En B1 ya conviene introducir /ð/ en palabras frecuentísimas como "the", "this", "that", "mother". La fosilización es muy rápida si no se corrige antes de B2.
Amélie detecta el calco fonético y lo refiere a la L1 del alumno: en lugar de decir "pronuncia mejor", explica "estás usando tu /s/ española porque tu variante no tiene /θ/". Propone ejercicios mínimos pares (think/sink, house/mouse) y graba al alumno para que compare su producción con la nativa.
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